La lavanda puede reproducirse por esquejes durante todo el año, en
verano y otoño se usan esquejes semileñosos, en invierno se reproducen
los leñosos y en primavera los esquejes más tiernos.
Con un cuchillo bien afilado cortar unos cinco centímetros de un nudo de
hojas. Es mejor usar cuchillo en vez de tijeras pues el corte con
tijeras produce aplastamiento del tallo que impide el correcto
enraizamiento del esqueje.
Con el mismo cuchillo cortaremos el exceso de hojas del esqueje, sólo
nos interesa mantener un par de grupos de hojas como mucho, lo que
queremos es que el esqueje concentre sus fuerzas en la formación de
raíces y no en el mantenimiento del follaje. Empolvaremos unos tres
centímetros del extremo inferior del esqueje con hormona de crecimiento.
Plantaremos los esquejes en macetas de barro rellenadas con un sustrato
nuevo y de calidad para evitar enfermedades. Es preferible usar macetas
de barro ya que permiten la circulación de aire a través de sus poros.
Tras regar el sustrato cubriremos las macetas con una bolsa de plástico.
Ello ayudará a mantener la humedad y la temperatura adecuadas.
Colocaremos nuestras macetas con los esquejes en un lugar cálido y en
uno o dos meses tendremos los esquejes completamente enraizados.
Será el momento de transplantarlos en macetas individuales y tras un
periodo de aclimatamiento y cuando el esqueje haya crecido hasta los 8 o
10 cm de altura podremos plantarlos en tierra en el lugar definitivo.
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